sábado, 11 de junio de 2011

Todo los temas desarrollados hasta aquí le brindan una visión global del fenómeno turístico, los sujetos que participan, las causas que generan los desplazamientos y ahora es necesario conocer en qué tiempo es factible realizar una actividad turística.

El tiempo libre

Es aquel que nos queda después del trabajo; esto es, el tiempo de “no trabajo” incluyendo las vacaciones, pero no es totalmente libre porque para que sea el “ocio” (tal como lo describe el loisir francés) tenemos que descontar el tiempo que dedicamos a dormir, comer, transportarnos, etc. Es decir, que el ocio es aquello que nos queda del tiempo libre para ocuparlo a voluntad.
Otros autores le llaman tiempo “liberado”, o sea, lo que se gana al tiempo libre, pero utilizar también este otro concepto sería complicar más las cosas.
Actualmente es la época de loisir, en que el tiempo libre aumenta y se transforma en ocio creativo. Para que haya turismo debe existir el uso de ese tiempo de ocio en la forma activa de viajar.
Joffre Dumazedier da la siguiente definición de tiempo libre:

Conjunto de ocupaciones a las que puede entregarse el individuo gustosamente, para descansar, para divertirse, para ampliar su formación, su educación o su participación social, voluntariamente, y al margen de las obligaciones profesionales, familiares y sociales.

El tiempo libre, esa “insólita y formidable riqueza”, como lo llama Héctor Manuel Romero, se ha transformado, de ser originalmente el reparador de las fuerzas gastadas, en la oportunidad de tornarse creativo en el proceso de planear, realizar y recordar las fases del juego que son diversión, aprendizaje, desarrollo, ejercicio, etc.
El turismo forma parte precisamente de ese tiempo libre; del ocio activo que tiende a realizar ese anhelo supremo del ser humano que es el juego.
Sin embargo, como toda riqueza debe ser cuidada y aprovechada; por lo tanto, los individuos deben aprender a emplear racionalmente su ocio. Si antes el hombre trabajaba para satisfacer sus necesidades básicas ahora trabaja además para obtener los medios que le permitan disfrutar de un tiempo libre en forma satisfactoria y significativa.
En el libro Ocio y turismo se dice:
En su concepción más profunda, “ocio” es actividad creativa y permite desarrollar al máximo las cualidades intrínsecas de cada uno.

Desde luego, en todo esto no nos referimos al ocio forzoso, o sea por desempleo o enfermedad, ya que éste es otro fenómeno social.
Así vemos que el ocio se ha convertido en una necesidad básica por sí misma, de la cual se derivan una serie de actividades de gran importancia para la realización del ser humano, por ejemplo las siguientes: descanso, distracción, recreo, cultura, desarrollo personal, actividades sociales, vacaciones, deportes y turismo.
La vida ya no se concibe sin estar relacionados con alguna o algunas de las funciones propias del tiempo libre, pues todas ellas, y muy especialmente los viajes, se vuelven, como dice Furastié, parte de las vivencias que queremos conservar y recordar, o sea que es cultura intelectual y cultura física. De ahí la inevitable cámara fotográfica y las tradicionales tarjetas postales que forman parte del equipo y material del viajero, que en esta forma logra hacer presente lo pasado.
También los viajes a veces tienen una característica de evasión o escape. González Llaca hace referencia a la declaración del propietario de una industria del tiempo libre:

Se constata en las vacaciones un deseo de huir de la angustia, una búsqueda dramática de seguridad, de abundancia; hemos creado una industria profundamente psicológica.

El turismo debe y tiene que ser una actividad que separe al hombre de su vida de trabajo cotidiana sobre todo cuando ésta se vuelve enajenante; asimismo de su vida familiar o social, que puede llegar a ser tan rutinaria y con tal falta de estímulo que el hombre tiene que buscar una evasión o un cambio, pues de otra manera podría llegar la crisis y llevarlo a manifestaciones de conducta antisocial como alcoholismo, drogadicción y actividades delictivas.
Toda evasión aunque no sea antisocial, por ejemplo viajes, espectáculos, etcétera, es de todas maneras una manifestación del individuo en contra de una situación dada, con la que no está de acuerdo, de momento o permanentemente, y de la que debe alejarse aunque sea por poco tiempo. Es natural para el ser humano buscar un cambio temporal para que su vida llegue a tener un significado.

  

Lectura complementaria.

“El derecho al turismo”

 Manuel Gurria Di Bella. “Introducción al Turismo”, pag 29y 30.


Un derecho es: “la facultad de hacer una cosa, de disponer de ella, o exigirle algo a una persona”.
Por el solo hecho de nacer y crecer, el individuo tiene derecho, primero a que otras personas le satisfagan sus necesidades básicas, después a satisfacerlas por sí mismo en cualquier grado.
Existen únicamente dos medios para que el hombre obtenga los satisfactores de esas necesidades; ya sea producirlos él mismo o bien producir excedentes de algunos de ellos para intercambiarlos por los que no produce, pero que producen otros.
Faustino Ballvé dice que:

Los hombres tienen que recurrir a otros hombres para obtener las cosas o servicios que les faltan, a cambio de otras cosas o servicios que pueden ofrecer.

Éste es el principio de la división del trabajo.
El sistema común es que a cambio de su trabajo se le proporcione al individuo un medio de adquirir los elementos que satisfagan  sus necesidades, ese medio es el sueldo, salario, emolumento u honorario, generalmente estipulado en dinero.
Por tanto, si el hombre tiene derecho a satisfacer sus necesidades, tiene como consecuencia también derecho a realizar un trabajo de acuerdo con su vocación y habilidad. Éste es un derecho humano.
De esta manera, el trabajo adquiere valor. Trabajar es bueno y no hacerlo es malo, pero repetimos, el trabajo es el medio de satisfacer las necesidades básicas de higiene, de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización según la escala de Maslow.
Por eso, desde la época de la Revolución Industrial, aunque se pasó del trabajo artesanal al trabajo asalariado, se ha propugnado por la reducción de la jornada de trabajo y el aumento en el tiempo de no trabajo. En 1.936, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoció el derecho de los asalariados a las vacaciones pagadas, es decir, recibir el pago de la jornada completa durante el periodo vacacional. El tiempo de trabajo se ha reducido paulatinamente y quizá para principios del próximo siglo será común la semana laboral de 30 horas.

El trabajo, el derecho a la oportunidad de trabajar, otorga el derecho al tiempo libre y a vacaciones. Quien no trabaja no tiene necesidad de vacacionar.
Las legislaciones actuales de la mayoría de las naciones, no sólo reconocen el derecho a trabajar y a vacacionar, sino la posibilidad de ejercer realmente este último derecho, y crean el marco sociopolítico que establece las condiciones apropiadas para ejercerlo. La prima vacacional, es, decir, el pago de un porcentaje al salario durante el periodo de vacaciones, es el medio que tienen algunas legislaciones para facilitar el desplazamiento y la recreación del trabajador.
El tiempo libre y particularmente las vacaciones, tienen que ocuparse de alguna manera, puesto que sería absurdo que nada más se logrará la inmovilidad del individuo (ociosidad). El trabajo sería odioso ya que, como consecuencia de él, se obtendrían vacaciones que, en este caso, serían fuente de aburrimiento. Si el tiempo libre sólo se ocupara en encontrar cómo “matar el tiempo”, nos conduciría a la autodestrucción.
Con las vacaciones se presentan las condiciones posibles de un desplazamiento; esta movilidad es indudablemente una necesidad del ser humano. El viaje es una de las expresiones más enriquecedoras del derecho a las vacaciones. Así, se deduce que el derecho a trabajar tiene como consecuencia  el derecho al descanso y a las vacaciones, y de éste, al ocio, o como algunos dicen al tiempo libre, se pasa de manera lógica y natural al derecho al turismo.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la Declaración de los Derechos Humanos, reconoce en su quinto punto, el derecho al cambio de residencia, al trabajo, al desplazamiento y a los viajes.


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