SELVA,SALTOS,ESTEROS,CUCHILLAS E ISLAS

Selva, saltos, esteros, cuchillas e islas (mesopotamia)

Misiones, tierra de planicie y de sierras subtropicales, surge como territorio en el año 1881 cuando se desprende de la tutoría correntina, y en una pequeña porción del noreste de Corrientes hasta el Río Aguapié que lo separa de los esteros correntinos.
El relieve muestra un paulatino aumento de altitud hacia el Noreste de la región. Registra unos 200 metros de altitud en la meseta de Apóstoles y alcanza su nivel más alto en las proximidades de la localidad de Bernardo de Irigoyen, en la frontera con el Brasil. Las sierras hacen de divisoria de aguas. Aquí nacen los cursos de agua de corta extensión pero muy torrentosos (como el río Uruguay que se ha aprovechado para la obtención de energía hidroeléctrica) que vierten sus aguas a los dos grandes colectores que enmarcan a la región: el Paraná y el Uruguay.
El afloramiento de rocas de origen volcánico (llamadas basaltos) y el quiebre de la pendiente de los ríos se traduce en la presencia de rápidos, de corredores, de saltos o de imponentes cataratas. Esta muestra de las fuerzas internas de la naturaleza emerge aquí con todo su potencial. Las «Cataratas del Iguazú» son el exponente máximo, con sus 275 saltos que llegan a superar los 70 metros de desnivel. Miles de turistas de todas las partes del mundo cada día del año llegan a visitarlas. Aunque el primer extranjero privilegiado fue Alvar Nuñez Cabeza de Vaca allá por el año 1541. En la actualidad, fueron declaradas
«Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad» por la UNESCO. Cada picada, cada sendero, deja al descubierto el color rojo intenso característico de las tierras, producto del oxido de hierro que forma parte de su composición que junto a la descomposición de los suelos en los climas cálidos y húmedos, sirven de marco a los distintos estratos vegetales con su amplia gama de verdes.
La otrora intrincada pluviselva subtropical, donde las precipitaciones pueden alcanzar los 2000 milímetros anuales, sirvió de fuente inspiradora a Horacio Quiroga y, alguna vez, se extendió sin solución de continuidad desde el sur de Brasil, por el sector oriental del Paraguay y la mayor parte de la actual provincia de Misiones. Hoy sólo aparece en las zonas más alejadas de los asentamientos humanos, a causa de la deforestación realizada para el aprovechamiento de la madera o para dejar tierras liberadas para el cultivo del té, de yerba mate o de tung. A pesar de todo, ninguna otra región de nuestro país presenta un número semejante de especies animales y vegetales (las variedades de aves superan las 400 y las especies vegetales las 2000).
La vegetación se presenta en estratos. El más elevado está compuesto por árboles que superan los 30 metros de altura (el guatambú blanco, el laurel negro, el pino misionero, el incienso y el cedro misionero). Por debajo aparece el sotobosque, el estrato arbustivo y luego el herbáceo (helechos arborescentes, la yerba mate, la ortiga brava, los cañaverales de bambúes). Los distintos estratos quedan unidos por las epífitas (las orquídeas y los claveles del aire) y las lianas que trepan desde el suelo hasta la copa de los árboles, dando unidad a los pisos.
La selva aparece a los ojos del visitante como un verdadero zoológico, pero sin muros ni rejas. Aquí vive el mayor de los mamíferos sudamericanos por su volumen y peso: el tapir. Los felinos, en ese bioma, tienen en el jaguar o yaguareté al mayor de los predadores argentinos. Le siguen en orden; el puma, el ocelote y el gato montés. También tiene en ese lugar su hábitat el más grande de los roedores del planeta: el carpincho. No faltan los cérvidos, que están representados por las corzuelas rojas, pardas y enanas. La versión del jabalí sudamericano: el pecarí, dice presente. Los coatíes y los osos colmeneros sobresalen por su aspecto simpático. Entre las bandadas de monos aulladores, son numerosos los caí comunes. Asimismo son abundantes los reptiles y los batracios. Una mención especial merece el tucán rojo y amarillo, símbolo de la avifauna de la región.
Paraíso de la pesca y de la caza deportiva. Aquí viven el dorado, el manguruyú, el pira-pyta, el sábalo y el surubí. La caza del monte se lleva a cabo en los parajes más alejados. Hay que tener en cuenta que la caza de ciertas especies (jaguar, puma, osos colmeneros) está prohibida, por estar en peligro de extinción.
Los primitivos habitantes de estos parajes, los guaraníes, se agrupaban en “tekoas o aldeas fortificadas” que constituían el centro de organización social y política de este pueblo, que pudo desentrañar los oscuros secretos de su hábitat natural: la selva. Su sistema de cultivo, el rozado, primitivo pero eficaz, era llevado a cabo por los hombres, al igual que las tareas más pesadas. A las mujeres se les reservaba el cocinar, tejer, la crianza de los niños y el cuidado de los cultivos. Con el advenimiento de los sacerdotes de la Compañía de Jesús, durante el siglo XVI, que por más de ciento cincuenta años dirigieron a las misiones, llegó la evangelización y el impulso de diversas actividades industriales (horneado de ladrillos, carpintería, herrería, tornería), hortícolas y ganaderas.
Las misiones crecieron por doquier: Candelaria, Loreto, Santa Ana, Apóstoles, Santo Tomé, Concepción, San Javier y San Ignacio Mini (declaradas “Patrimonio Mundial Cultural de la Humanidad”) son sólo algunos ejemplos. Con la expulsión de los jesuitas en 1767 se da declinación demográfica y económica de las misiones.
La circulación de la región se asienta sobre tres ejes principales. El más antiguo corre paralelo al río Paraná por la Ruta Nacional Nº 12. Aquí el desarrollo urbano es el más importante de la región. El central recorre los paisajes de mayor altura de las sierras, siguiendo la Ruta Provincial Nº 14. Los principales asentamientos humanos pertenecen a una colonización reciente llevada a cabo por polacos, ucranianos y franceses.
Por último el tercer eje, aún en pleno desarrollo, está conformado por la red de caminos que llegan a las poblaciones fronterizas con Brasil en las orillas de los ríos Uruguay, Pepirí Guazú y San Antonio. La localidad de Bernardo de Irigoyen marca el punto más oriental de la Argentina sudamericana.

Las provincias de Entre Ríos y Corrientes quedan casi totalmente comprendidas en la región de los esteros y cuchillas. Dentro de los diversos paisajes a disfrutar, los hay para todos los gustos. El Centro-Norte con sus enigmáticos esteros y sus fiestas religiosas. La franja costera que enmarca al Río Uruguay con sus misiones jesuíticas, sus plantaciones de cítricos y sus playas doradas. El sector paranaense con sus barrancas, sus islas y sus reductos para la pesca deportiva.
Por su morfología y por su origen se diferencian dos grandes ámbitos. El que representan las cuchillas (resultado de levantamientos recientes) con sus ondulaciones suaves y cuestas amplias y el de los esteros (depresiones cubiertas de agua con bordes medanosos que recuerdan a épocas pasadas más secas) con sus juncales, sus alzados y sus embalsados que se agrupan en forma concéntrica alrededor de una laguna).
Las formaciones tipo parque dominan gran parte de la región. Bosques abiertos con especies xerófilas conformadas por un solo estrato, que alternan con pastizales y palmares. El ñandubay, de 10 a 12 metros de altura, es la especie predominante. También aparece el molle o incienso, el tala y las palmeras caranday. En comunidades, casi puras, se muestran los palmares de yatay que ya fueran admirados en el siglo XIX por el naturista francés D’Orbigny, el “Parque Nacional El Palmar” se crea en la década del ’60 con el objeto de rescatar a esta especie de los efectos negativos de la hacienda, que comían sus brotes y los destruían al pisotearlos. Se ubica próximo a la localidad de Colón y tiene acceso directo desde la Ruta Nacional Nº 14. Otras áreas preservadas son: en Corrientes, el “Parque Nacional Mburucuyá” y la “Reserva Natural Provincial Esteros del Iberá” y en Entre Ríos, la “Reserva Natural Protegida Carpincho” entre las más sobresalientes.
Para los amantes de los safaris fotográficos la fauna de la región es muy rica. Entre los roedores sobresalen el carpincho y la nutria. Los reptiles aparecen representados por las víboras de coral, la yarará y de la cruz. La distribución del yacaré ñato, se extiende hasta bastante al Sur de la región. Por último, podemos decir que la avifauna es una de las más abundantes del país.
La presencia del poblamiento prehispánico ha quedado latente en las zonas rurales. En Corrientes la lengua guaraní es, en muchos casos, la primera que los niños aprenden. Los chanás, más antiguos que los guaraníes, fueron pescadores y cazadores de animales menores, así como migrantes por excelencia, que se desplazaban desde Corrientes hasta el Delta del Paraná. En las zonas boscosas de Corrientes, los kaingang construían sus viviendas con los troncos y hojas de palmera. Por último los famosos charrúas, habitaban el espacio ribereño entre las actuales ciudades de Yapeyú y Gualeguaychú. Tenían la costumbre de perforarse el labio inferior e introducirse algún objeto de forma alargada.
Cada uno de los circuitos turísticos que el viajero puede proponerse desandar tiene sus particularidades. Encantos naturales o rastros culturales son algunas de las huellas que se pueden elegir. La ribera uruguayense proyecta discurrir por un itinerario conformado por destacadas ciudades. Muchas de ellas sirven de nexo; a través de los puentes “Libertador General José de San Martín”, “Presidente G Vargas”-“Presidente Agustín P Justo”, “General José Gervasio Artigas” o sobre la Presa de Salto Grande, para alcanzar los territorios lindantes de Uruguay o de Brasil. Las aguas termales no están ausentes y se pueden disfrutar en las cercanías de Federación. La arquitectura del siglo XIX está representada en las ruinas del “Palacio de San Carlos”, que visitara alguna vez el autor del inigualable Principito, y en el “Palacio San José”, residencia del general Urquiza hasta el año 1870, cuando fue asesinado.
El derrotero por la costa paranaense aparece jalonado por marcadas barrancas e innumerables conjunto de islas. Se ingresa a este sector, desde su borde Sur, en las cercanías de la localidad de Diamante, donde se deja atrás la región del Delta. En el límite entre las provincias de Entre Ríos y Corrientes, se encuentra la “Reserva Ictícola Provincial de la Isla Curuzú Chali”, uno de los tantos reductos que podrán ser descubiertos por los amantes de la pesca deportiva. Dentro del sector central, donde prevalece la actividad ganadera, aparece la ciudad de Mercedes que sirve como puerta de acceso a los esteros del Iberá por su lado sur. La complementación económica con los estados vecinos ha quedado plasmada en dos complejos hidroeléctricos binacionales: “Salto Grande” y “Yacyretá-Apipé”.

Y por último el delta, que al decir del político y periodista francés George Clemenceu, es la llamada Venecia de Jardines. El escritor Marcos Sastre, la equiparó al valle que admiraron los antiguos griegos, bautizándola como el Tempe Argentino.
Lo cierto es, que este laberinto compuesto por innumerables islas, arroyos, riachos, ríos y canales no se mantiene inerte. Su crecimiento es constante por el aporte de sedimentos que traen las aguas. Y algún día, quizá no tan lejano, lo tendremos como parte del paisaje cotidiano de la ciudad de Buenos Aires.
Alberga casi el último apéndice de la selva subtropical, con una flora riquísima compuesta de especies arbóreas y acuáticas. El remo, la motonáutica, el esquí acuático y el surf junto con la pesca, hacen de esta zona un sitio de privilegio para los amantes de los deportes relacionados con el agua. Los famosos recreos, una suerte de hostería, terminan de pintar el paisaje isleño.
Un recuadro aparte, merece la Isla Martín García, epónimo que recuerda a un tripulante de la expedición de Juan Díaz de Solís que muriera en la misma. La antigüedad de su subsuelo compuesto por rocas cristalinas del macizo de Brasilia, que sirvieron para adoquinar algunas calles de la ciudad de Buenos Aires, se condice con su rica historia emparentada con importantes momentos en la formación de nuestro estado nacional. Un relicto del pasado, lo podemos encontrar en su penal (sólo quedan en pie sus paredes laterales) que sirviera como prisión de importantes políticos como los presidentes Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi.
Hoy forma parte de una Reserva Natural Provincial que guarda una gran variedad de ámbitos fitogeográficos. Desde la selva marginal, característica de climas subtropicales, pasando por el monte xerófilo y arenales de zonas semiáridas, para llegar a la costa con los cañaverales y juncales de áreas inundables.
Dentro de esta región existen otras áreas protegidas de reciente creación como el «Parque Nacional Diamante», la «Reserva Natural Otamendi» y la «Reserva Natural Parque Ecológico de la Primera Sección del Delta».
Si bien el desarrollo urbano es casi nulo, se pueden advertir pequeños núcleos poblacionales como Villa Paranacito, Ceibas, Ibicuy y Médanos. Toda la zona se ha visto favorecida, dejando atrás el aislamiento, con la construcción del “Complejo Ferrovial Unión Nacional” (antes denominado Zárate-Brazo Largo).
El Delta queda enmarcado por dos barrancas: la barranca entrerriana o barranca muerta donde se asientan ciudades como Diamante, Gualeguay y Victoria. Esta última, servirá de cabecera del futuro puente que la unirá con Rosario. La otra barranca forma las costas de los ríos Paraná y de la Plata en su curso superior.
Los puertos bonaerenses (desde San Isidro hasta San Nicolás de los Arroyos), sirven, en distinta medida, como trampolines para sumergirse en las islas del Delta. Claro está que la Estación Fluvial del Tigre, es el lugar donde se concentra la mayor actividad. Desde aquí parten los más interesantes itinerarios, que llevan al viajero a conectarse con postales, que parecen ser sacadas de un cuadro pincelado por algún artista que vivió en otro tiempo.