martes, 17 de mayo de 2011

LA CASA HISTÓRICA DE TUCUMÁN

La Casa Histórica de Tucumán

INTRODUCCIÓN

...”Si se suprimieran las fuerzas del alma humana, no quedaría del trabajo del hombre, sino la parte material, desprovista de arte, sin los sacrificios al ideal, tan indispensables para cualquier creación, como comprueban las colonias creadas, en una época casi moderna, las cuales no sentaran base alguna, para las generaciones futuras. Lo que reinaría, pues, sería el egoísmo individual, con el cual no se ha creado, ni se crearan jamas obras de valor artístico. Y es por esta razón que no haría tampoco grandes obras de arte, y que sean verdaderos monumentos ideales de la época colonial de la Argentina, que por esta razón pertenecen a todos, y no a uno solo”.

MONUMENTO HISTORICO NACIONAL

La Casa de la Independencia constituye uno de los principales atractivos de la ciudad de Tucumán; en ella se proclamó, el 9 de Julio de 1816, la independencia de la Argentina “de la dominación de los reyes de España y su metrópoli y de toda otra dominación extranjera”.
El edificio, está ubicado en la calle Congreso 151, es una típica vivienda urbana de fines del Siglo XVIII, con fachada única a la calle. Su origen arquitectónico deriva del barroco español, patentizado principalmente en su portal: en el centro de una ancha pared lisa y blanca, aparecen las columnas salomónicas y el fuerte relieve de entrantes y salientes de los capiteles y molduras superiores.
Apenas traspuesto el humbral, hacia la izquierda, se encuentra una amplia sala amoblada con escritorios, mesas y sillones de familias patricias. Junto a una pared aparece un clavicordio con recuerdos de valses y gavotas.
También se pueden apreciar retratos al óleo de los generales Manuel Belgrano, Bernabé Araoz y Gregorio Araoz de Lamadrid. Las siguientes salas, sobre el ala sur, lucen mobiliario y reliquias que evocan el pasado argentino.
Las habitaciones, cubiertas con tejas rojas y de muros lisos, están ubicadas alrededor de dos patios. Cruzando el primero se llega al “Salón de la Jura” que, quizá como un símbolo, es el único que conserva su estructura desde la erección de la casa primitiva. El recinto presenta cabridades de madera que forman el techo a dos aguas y las galerías exteriores. A simple vista es posible observar el apretado tejido de cañas huecas, atadas con tientos de cuero y sostenidas por el potente nogal de la tirantería.
En el segundo patio hay un aljibe y árboles típicos de la región. Más adelante aparece la salida a la calle paralela inmediata, donde el solar posee muros con bajorrelieves que simbolizan el “25 de Mayo de 1810” y el “9 de Julio de 1916”.




SUS PRIMEROS PROPIETARIOS

El alcalde Diego Bazán y Figueroa había construido a fines del S. XVII su vivienda en el terreno que hoy ocupa la Casa de la Independencia.
En 1765 la Casa pasó a ser propiedad de Doña Francisca Bazán, esposa de Miguel Laguna, que la recibió de sus padres como dote.
El frente de la casa, con sus características columnas torsas, debió ser construido por los Laguna y Bazán, ya que este tipo de ornamentación aparece en el Norte a fines del Siglo XVIII.
En 1816, ante la necesidad decontar con un local para las sesiones del Congreso que se reuniría en Tucumán, se optó por la Casa de Doña Francisca Bazán de Laguna.
La tradición afirma que Doña Francisca prestó la casa para las sesiones, pero investigaciones posteriores consideran, acertadamente, que el Estado Provincial dispuso usarla, ya que gran parte de la Casa estaba alquilada para la Caja General y Aduana de la Provincia.
Una de las hijas de Doña Francisca, Gertrudis Laguna y Bazán, casó con Pedro Antonio de Zavalía y Andía. La hija de ambos, Carmen Zavalía Laguna, casó con su tío carnal, Pedro Patricio de Zavalía y Andía.
Da. Carmen heredó parte de la Casa y adquirió el resto a los otros herederos, convirtiéndose así en la única propietaria. Sus hijos fueron los últimos miembros de la familia dueños del solar, ya que lo vendieron en 1874 al Gobierno Nacional por 200.000 pesos.
Fue el Presidente Nicolás Avellaneda ,oriundo Tucumán, quien por decreto del Poder Ejecutivo Nacional adquirió la Casa para el Estado, con la expresa recomendación de que se conservara el "antiguo y venerable salón".

La Casa estaba en muy mal estado en 1869. El Gobierno decidió demoler el auténtico frente y "las habitaciones del ala derecha del primer patio", dejando intacto el Salón de la Jura, separado de las nuevas oficinas del Juzgado y Correo, que ocuparon el costado izquierdo y el frente.
El Ingeniero Stavelius dirigió los trabajos, dando a la casa una fachada "Neoclásica" con un entablamiento y un gran frontis, cuyo arranque estaba flanqueado por "dos leones acostados", como lo describe el Arq. Mario Buschiazzo.

EL TEMPLETE

Hacia 1880, la Casa se encontraba en estado lamentable, con excepción de la nueva fachada. Hasta el techo del Salón de la Jura amenazaba derrumbarse. En 1881 se logró que el Correo restaurase y engalanase, aunque modestamente, el histórico salón.
En aquella época, se colocaban para las fiestas patrias los retratos de dieciocho de los Congresales, realizados por Augusto Ballerini (1887) y adquiridos por el Gobierno Nacional. Cuando pasaban los festejos, estos eran llevados a la Biblioteca Sarmiento donde eran conservados y custodiados.
En 1896, debido al mal estado de las habitaciones en las que funcionaban las oficinas del Correo y Juzgado, estos organismos se trasladaron a otro edificio, con lo que la Casa quedó totalmente abandonada.
En 1902 el deterioro de la casa había avanzado. Doña Guillermina Leston de Guzmán -dama tucumana famosa por sus obras de beneficencia- solicitó al entonces Ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación, Emilio Civit, de paso en Tucumán, que evitara la destrucción de la Casa.
Su solicitud fue escuchada, y el Presidente Julio A. Roca, aprobó el proyecto de construcción de un templete que protegiese únicamente el Salón de la Jura, demoliéndose el resto de la propiedad. Recordemos que fue el Presidente Nicolás Avellaneda, tucumano como Roca, quien hizo que el Gobierno Nacional adquiriera la Casa en 1874 con la expresa recomendación de que se conservara el "antiguo y venerable salón".


LA RECONSTRUCCION

En 1940 comenzó a gestarse la idea de reconstruir íntegramente la Casa de la Independencia. Por un proyecto de Ley presentado por el Diputado Nacional por Tucumán, Ramón Paz Posse, se aprobó la obra. La Casa había sido declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.
El Doctor Ricardo Levene, Presidente de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos fue uno de los entusiastas propulsores de la reconstrucción.
En Tucumán, Enrique García Hamilton, Director del diario "La Gaceta", apoyó la obra desde las páginas del mismo.
En un principio, la mayor dificultad fue la falta de documentación gráfica para encarar la reconstrucción.
Se localizaron los planos utilizados en 1874, cuando el Estado Nacional adquirió la casa, los cuales fueron usados para las reformas realizadas por el Ingeniero Stavelius. De gran ayuda fueron además, las fotos tomadas por
A. Paganini en 1869.
La tarea de la reconstrucción fue encomendada al célebre arquitecto Mario J. Buschiazzo, especialista en la materia y el 17 de abril de 1942 se inició la demolición del Templete. Hubo resistencias y críticas. Buscchiazzo no se amilanó; realizando, lo que hoy se llama "arqueología colonial" y en base a los antiguos planos, inició excavaciones de sondeo en busca de los antiguos cimientos. Estos aparecieron en el lugar donde lo había indicado; de tal manera, como él mismo manifestó: "la batalla estaba ganada". Buschiazzo consiguió elementos arquitectónicos originales del S. XVIII para la reconstrucción de la Casa. Adquirió primero 4 rejas, 12 pilares y 12 puertas de una casa colonial que se estaba demoliendo en ese entonces - la del Obispo Piedrabuena -, y el resto de los materiales los obtuvo de corralones, reduciendo de esta forma al mínimo las imitaciones modernas.
La puerta principal es réplica, que diseñó de acuerdo a la foto de Paganelli. La "original", que se conserva en el Museo de Luján, difiere en sus medidas, según manifestó Buscchiazzo que las cotejó.
Entre las refecciones importantes, mencionamos la reposición del cañizo del Salón de la Jura -que en 1843 había sido reemplazado por tablazón- con lo que adquirió nuevamente el aspecto original, el que hoy presenta. El resto de la sala es íntegramente original de los Siglos XVII y XVIII.

LAS PUERTAS AZULES (1996)

En 1996 se decidió realizar la restauración y conservación de la carpintería del Museo, obra encarada por el Servicio Nacional de Arquitectura de la Nación, Delegación de Tucumán, bajo la conducción de los Arquitectos Juan Carlos Marinsalda y Andrés Nicolini, con el apoyo del Arquitecto César Rodríguez Marquina en la supervisión de la obra.
Ante la especial circunstancia de que el Doctor Ramón Leoni Pinto (fallecido el 21/04/98) había realizado un exhaustivo estudio sobre la casa, obsequió a la Directora del Museo las fichas utilizadas en su investigación, en las cuales se constataba que las puertas habían sido "azules" en 1816, lo que se puso en conocimiento de los arquitectos. Además, el Dr. Carlos Páez de la Torre (hijo) escribió un artículo sobre el particular, basado en las indagaciones de Leoni Pinto.
Ante esto, los arquitectos realizaron estudios en las puertas del Salón de la Jura, únicas que se conservaban del Siglo. XVIII, y de tal modo descubrieron sobre la madera de las mismas el color azul que consignaban los antiguos documentos.
En cuanto a las obras de refacción de muros y pintura total del edificio, realizadas entre los años 1996 y 1998, estas estuvieron a cargo de la Asociación de Amigos del Museo.

Para ornamentar "El Templete", el Presidente Roca encargó a la escultura tucumana Lola Mora la confección de los bajorrelieves que representan “El 25 de Mayo de 1810” y “La Declaración de la Independencia”. El “Templete” fue inaugurado el 24 de septiembre de 1904.
En 1916, Centenario de la Independencia, el Gobernador Emesto Padilla promulgó una Ley que determinaba la expropiación del terreno colindante con la Casa, hacia calle 9 de julio, actual patio de homenajes y donde se encuentran los bajorrelieves de Lola Mora.
En el interior del “Templete” se encontraba el Salón de la Jura de la Independencia, que habitualmente se engalanaba para las fiestas tucumanas, como la celebración de San Miguel.




LOS BAJORRELIEVES

Los bajorrelieves de la escultora tucumana Lola Mora, encargados por el presidente Roca para ornamentar el templete. Fueron colocados a ambos lados del primer patio. Representan “El 25 de Mayo de 1810” y “El 9 de Julio de 1816”. En éste último la artista ubicó entre los personajes al Presidente Roca, en un gesto de gratitud hacia su benefactor.






LOS TECHOS Y EL CAÑIZO (1993)



















LOS TECHOS CAÑIZOS

La Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras y
Servicios Públicos de la Nación tiene a su cargo los proyectos y obras de restauración de la Casa Histórica desde que esta fuera adquirida por el Gobierno Nacional en 1874.
En el año 1986 el Distrito Noroeste elaboró un proyecto de restauración integral de las cubiertas, que se desarrolló en dos etapas. La primera en 1986, abarcó tres salas y sectores de galerías. La segunda etapa, en 1993, incluyó el resto de la Casa, mereciendo especial atención la restauración de la cubierta del salón histórico, único sector de la Casa original.
Los trabajos consistieron en desmontar el antiguo tejar, recuperando la mayor cantidad posible de tejas. Estas fueron cuidadosamente lavadas, quitándoles todo el vestigio de mortero de asientos y musgo.
El techado de cañizo fue renovado en su totalidad, empleándose cañas seleccionadas, procedentes de fincas cercanas a la ciudad. La estructura de madera: tirantes, cabriadas y alfajias, fue conservado casi íntegramente, excepto 30 metros del borde de las galerías que fueron atacadas por termitas (hormigas), comprometiendo resistencia.
Al reconstruir la cubierta, se agregó sobre el cañizo una membrana asfáltica para detener eventuales filtraciones desde las tejas. Para evitar la percepción de esta membrana desde el exterior, se colocó entre ella y el cañizo película de papel Kraft.
Con el fin de asegurar toda la cubierta de posibles desplazamientos se colocaron cañas transversales bajo la membrana. Finalmente, las tejas fueron recolocadas con mortero de asiento reforzado sobre la membrana, recuperando la cubierta su aspecto original.
La dirección técnica de la obra estuvo a cargo de los arquitectos Andrés Nicolini y Juan Carlos Marinzalda. El informe que precede es gentileza de estos profesionales, de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación-Distrito Noroeste.

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